¿Se está mejor en casa que en ningún sitio?

Este que les habla, de alma urbanita y dominguero de pro —respirar aire puro, aunque solo sea un día a la semana, debería ser un derecho constitucional—, últimamente ha visto cómo se han empezado a poner en boga ciertas tendencias que predican las bondades de quedarse en casa y no salir durante los fines de semana. Como no podía ser de otro modo, la nueva moda viene con nombrajo en inglés, nesting, y se basa en dedicar el tiempo de ocio a permanecer en el hogar viendo una película o una serie, leyendo un libro y, consecuentemente, ahorrando dinero.

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Ortografía: ni contigo ni sin ti

Aunque por aquello del oficio uno se enfrenta a un buen número de géneros literarios casi a diario, debo reconocer que siento una especial inclinación hacia la poesía, desde la medieval a la contemporánea (a excepción de determinados engendros que, por usar a placer el tabulador y la tecla Intro, el autor decide incluir en este género pese a no ser más que prosa en juliana). Seguir leyendo

El ‘Diccionario’ y sus polémicas

No es oro todo lo que reluce, ni toda la gente errante anda perdida. (J. R. R. Tolkien)

En muchas ocasiones, soy testigo de cómo profesio­nales y legos en esto de la lengua ponen a la ínclita Real Academia Española a caer de un burro por tener demasiada «manga ancha» a la hora de admi­tir según qué términos en su Diccionario. No pretendo entrar en polémicas territoriales que hacen que a unos resulte ajeno lo que para otros es de lo más natural, ni tampoco creo que sea el momento de censurar o no determinadas acepciones (recordemos que hasta el último trimestre del 2015 se man­tuvo la controversia relacionada con la definición de gitano como ‘trapacero’, zanjada con la adición de una nota que indica que se trata de un uso ofensivo o discriminatorio). Sin embargo, sí que me siento inclinado a aclarar unos cuantos puntos, habida cuenta de la ligereza con que habitualmente se abordan las consultas al diccionario académico… o bien de lo fácil que es dar por sentado que algo es incorrecto sin cerciorarse siquiera.

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Horror en el hipermercado

Aunque este que les habla sea un superhéroe justiciero con capa y antifaz, también tiene necesidades tan terrenas como dormir y, sobre todo, comer —esta vista de lince y este olfato para la caza de erratas necesitan algo más que lecturas—. Por eso, de cuando en cuando se cuela entre el gentío para abastecerse de provisiones en esos establecimientos donde uno entra con el firme propósito de salir con lo imprescindible, pero termina dejándose convencer por algún cartelito seductor. Así, mientras busco la manera de que mi exiguo presupuesto me permita concederme alguna licencia, escruto estos letreros con ahínco y me encuentro con sorpresas dignas de mención.

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La Casa del Libro no lee

Este corrector dizque justiciero quiere hacer constar desde el frontispicio, como diría un orador de pueblo y más de oídas que de leídas, que no tiene ningún parentesco con quien pilota como se va viendo, y por lo que se lamenta, bien a su pesar, la muy lastrada nave de marca, ante todo marca, que quieren que sea España. Y lo dice porque puede dar la impresión de que anda adormeciéndose, indolente y ausente, por las esquinas —al menos no va enrabiándose por las mismas, y valga la tan tonta como ubicua excrecencia a la moda, para que se vea el horrible efecto—. Pero es solo una impresión (y además el tal de la primera línea me consta que está dispuesto a conceder entrevistas y con cuantas más preguntas mejor…; el problema es que nadie parece interesado en pedírselas), y en todo caso consecuencia de haber nacido mandado, no sé si bien o mal, pero mandado y solo eso.

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