“El Mundo” y la “pelontología”

Voy a tratar de ser como ese maestro de la canela fina que es LMA, periodista —siempre a vueltas con su «ABC verdadero»— y académico (si bien siamés, pues entró en la docta casa de la calle de Felipe IV en la misma tacada que su rival y ‘paisano’ JLC, supongo que para equilibrar: la física de los medios), siempre tan elegante y atildado (no se vaya a pensar mal, que lo digo por haber eliminado la tilde de su apellido), aunque me imagino que no voy a pasar de la fórmula de entrada: tengo para mí que si bien (parece ser un hecho que) ya no hay correctores con piernas en los periódicos, los correctores con piernas (está claro que) se divierten con los periódicos. Y esto no tiene por qué extrañar: ¿acaso no les gustan a los taxistas las carreras de coches o Fórmula 1? Quiero decir que una vez que se han resignado al destierro de la vorágine diaria de los quioscos, no tiene nada de raro que por mero entretenimiento o por amargo regodeo se vuelquen en las páginas de los periódicos –que por otra parte frecuentan, que suelen estar bien informados, así solo sea para seguir la vida de las palabras, pero también los coletazos de Hacienda, que en esto no se diferencian en nada de sus pares los asendereados autónomos– para ver cómo queda el patio después de que a ellos les han castigado sin jugar y les han echado de él. Tampoco hay que descartar que entre ellos se dé esa transmutación que por lo que sé proviene de tierras árticas –donde los correctores, aparte de gastar mitones, han de estar particularmente bregados: no hay más que ver las palabras con las que tienen que convivir, de las que es una simple muestra la que sigue, y en cursiva para que no cunda la confusión— que es el Pilkunnussija, ene más, ene menos, que no puede resistir la comezón de corregir todo lo que se le ponga a tiro. Pero es un dato de los que los estadísticos llaman despreciables y se quedan tan anchos y científicos.

El caso es que suele ocurrir que los periódicos, que es verdad que se exponen mucho, y día a día (y eso que cada vez ganan más páginas las ofertas comerciales patrocinadas por el propio periódico, desde cuchillos a fregonas), son terreno fértil para que arraiguen las erratas y los errores. Tanto es así que, al menos antes, se reservaba un espacio para dar fe de ellas, que aparecían en consecuencia como las más creyentes, y siempre se cubría, como la información meteorológica. Además, también es de suyo reconocerlo, la errata siempre ha tenido un punto guasón y chocarrero, como si la mera trasgresión del orden convencional de las letras o su total confusión o su traición por un oído poco afinado o cualquier otro de los abonos de las erratas –y hay muchos– fuera garante de la broma, a la que por fortuna aún parece proclive el ser humano venciendo a una realidad que maldita la gracia que normalmente tiene.

El Mundo (digital), 18/11/12

El Mundo (digital), 18/11/12

Se han colado estos dos párrafos con pretensiones entre los pliegues de la capa bermellón de este juntapalabras a cuento de lo que hasta su abigarrada mesa de agobios ha llegado de la mano de un observador atento que busca justicia (de momento, sin tasas) con los que gusta relacionarse. Y lo primero que llama mi atención es la mala suerte que tienen algunas personas o territorios: por una vez que Soria es noticia –y eso que es pura y cabeza de Extremadura, ojo–, un piernas que escribe de oídas les fastidia el titular, y por dos veces, para que no quepa duda de su intención transgresora. Y lo más curioso es que en el encabezamiento se escribe bien «Paleontología», que hay que reconocer que precisa atención, sobre todo si te resbalan los étimos, como «meteorología» —y no precisamente por la cola que comparten—, que no pocos dicen «metereología» y no por eso deja de llover. Pues bien, al cronista de El Mundo, además de aquello le faltan también esos bienes de un tiempo a esta parte tan preciados: atención y cuidado… o eran de corto vuelo y se le han agotado al primer intento, y con «icnitas» de acompañamiento. A propósito de esta última, por cierto, un corrector con circuitos probablemente la hubiera marcado como error y encendido alguna luz y hasta emitido algún sonido irritante, y solo uno con piernas de esos tan hogareños y esforzados podría haberla validado como «cualquier huella o señal producto de la actividad biológica, especialmente pistas, rastros, madrigueras, orificios, perforaciones, señales de mordeduras, etc.». ¡Dígase si sobran o son redundantes!

Algo por el estilo se podría decir del redactor por el «construído», en alguna vida de la gramática española aceptado con esa tilde ahora impertinente: hay muchos a los que, como en el «ti», se les escapa la tilde del bolígrafo o les salta desde el teclado, como si cobrara vida propia, y solo la atención y el cuidado que mencionaba les hace volver sobre ella, retirarla y reservarla para las que en verdad la visten. O sea que es un error efímero y aun inconsciente, y no se enmienda hasta que no toma las riendas el yo racional y que ha estudiado lengua en el bachillerato, cuando tal cosa se estudiaba. Pero a un periodista se le supone algo más de formación, que sin formar, mal es dable informar.

Una pena, ya digo, porque no todos los días Soria es noticia… y de ese libro de excesos que patrocina con éxito la legendaria cervecera irlandesa.

Y para remate, como siempre en este punto, el fundamento normativo.

Vale.

Fundamento normativo

  1. El participio del verbo “construir” es “construido”, sin tilde, por ser palabra llana terminada en vocal. Las palabras llanas “no llevan tilde cuando terminan en -n o -s no precedidas de otra consonante, o en alguno de los grafemas vocálicos a, e, i, o, u” (p. 232 OLE).
  2. Igual que la palabra “paleontología” (de “paleo” , antiguo; “onto”, ente, ser, y “logos”, estudio, tratado), estudio de los seres orgánicos de las épocas prehistóricas a través de sus fósiles, se debiera haber escrito “paleontológico”, y no “pelontológico”.

En “El País”, la portada, inmaculada, o no…

Suplemento EPS, de El País, portada publicitaria de Volkswagen, 17/11/12

Suplemento EPS, de El País, portada publicitaria de Volkswagen, 17/11/12

Como siga esto así, estos atribulados uniqueros que me han dado vela —porque la cosa se va pareciendo a un entierro… de la corrección— e imagen, y que ahora pasean tan contentos por tazas e imanes como si de un ídolo se tratase, me van a tener que incluir en plantilla, porque ya van peligrando mis facturadas matrices, exiguas en todo caso. Porque Erasmo Cejota ante todo es corrector, de los de facturar (poco) por matrices. Lo de «justiciero» es un atributo más bien pintoresco, como la capa forgiana, y que le hace poca justicia en honor a la verdad.

Trae causa, como dirían los juristas en su sentenciosa jerga, esta nueva aportación de los nuevos métodos empleados —descubiertos osaría decir, porque parece ser algo consustancial a la publicidad, esa crematística comunicación audiovisual, que ahora está en los planes de estudio de casi todas las universidades— por los anunciantes para lograr atraer la mirada adquisitiva de los potenciales clientes. Si la definición clásica de economía, que tiene su miga pese a su aparente sencillez (o acaso la sencillez fuera la mía cuando me la enseñaron), es «bienes escasos susceptibles de usos alternativos», nunca más al pelo que en estos tiempos de crisis crisis o crisis2. El problema es que cada vez más hay menos siquiera con bienes. El asunto es que ya no saben qué hacer para vendernos su mercancía… aunque hay algo en lo que siempre se mostrarán tenaces y hasta pertinaces: su descuido en lo que sigue siendo, a pesar de todo, su soporte principal, la lengua. Y en este aspecto, si se suele decir que una imagen vale por mil palabras, no hay palabra mal plantada que puedan enmendar mil imágenes.

Véase si no la que ilustra esta nueva muestra de fuegos de artificio de fiesta venida a menos, si no fuera por mi paredro serio y documentado (aunque la verdad es que en este caso tiene poca tela que cortar, de tan evidente): mucho plástico, transparencia y grueso papel cuché por delante y por detrás para que «Lo mires por donde lo mires» veas el pedazo de coche al uso y suplantación de la cabecera de la revista dominical, que la inversión compra lo que haga falta… todo muy cuidado; pero una simple virgulilla mal colocada da al traste con todo: «¿cúal?». Sabrán mucho de comunicación y trampantojos, pero tengo mis dudas de que sepan leer en ese departamento tan creativo de la marca alemana, o con las prisas (aquí no hay juego de palabras con la editora del magacín, que a veces también descanso) no han tenido tiempo para pararse a leer siquiera lo que les ha resultado, porque de lo contrario no habría salido a la luz y con ropaje tan aparente. Conque un discreto y apenas oneroso corrector hubiera sido invitado a la fiesta, todo habría ido, como Das auto, sobre ruedas. Una pequeña, por no decir simbólica, inversión casi de seguridad, como el cinturón y la bolsa de aire.

Aunque, después de todo, vaya usted a saber si no será una vuelta de tuerca más en las técnicas publicitarias: de no ser por ese cutre e imposible «¿cúal sería?», ¿a qué ton y a qué son estaríamos los sesudos y cavachueleros correctores, elegantes pero informales, hablando de coches tan ajenos a la profesión —por inalcanzables a base de sus matrices— y aireándolo en círculos tan alejados de sus targets (para que nos entiendan mejor, y a cambio de lo de la bolsa de aire)?

¿Y en El País no tienen nada que decir, ahora que ya han recuperado —aunque un tanto vergonzantemente— la tilde de su nombre, y cuando el anuncio pasa por ser nada menos que su portada? ¿O se llamarán a andana, con lo rancia que es la locución y lo modernos que han sido siempre?

Y de remate, como siempre, el fundamento normativo.

Vale.

Fundamento normativo

En pp. 245-247 OLE: la palabra tónica “cuál” se escribe con tilde diacrítica (en la “a”, que es donde recae el acento) para diferenciarla de su homónima átona “cual” y así prevenir su confusión […]. La palabra “cuál” es siempre tónica y se escribe con tilde cuando pertenece a la clase de los interrogativos y exclamativos: ¿Cuál te gusta más?; ¿Con cuál te quedas?

“La Vanguardia” y su “Dinero”

"La Vanguardia", suplemento "Dinero", 11/11/12

“La Vanguardia”, suplemento “Dinero”, 11/11/12

Quieren los que pueden que me traslade, con mi capa y caperuza de colorado subido y esas antenas con las iniciales que dan nombre a mi atribulado ser, a Cataluña. Y no porque allí estén en pleno proceso electoral, que valiente crónica podría pergeñar, sino porque en uno de sus diarios señeros –palabra que les ha de ser simpática a los catalanes que hablen castellano, aunque hasta sueñen y canten en la ducha en catalán, porque está muy próxima al siempre alabado seny o a la ahora agitada como nunca senyera, estrellada o no– se ha encontrado caza para esos cazadores inasequibles al desaliento que los ‘uniqueros’ son, o están (aquí vendría de perillas, si es que todavía se entiende la locución, ese recurso tan caro a los anglosajones de plantar una raya y quedarse tan anchos y ni preocuparse de cerrarla).

Se trata de La Vanguardia, uno de los pocos periódicos impresos que aún descansan en los exhibidores de los quioscos, cada vez menos diversos y más tristes; pero uno de los más llamativos para este volandero, no tanto por ese título tan imponente (que ya tiene vistos, por decirlo a la galaica, unos cuantos en el siglo xix que tanto frecuenta, que le han curado de espanto: El Huracán, La Tempestad, El Trueno, que proclaman sin ambages que más que la información en sí se inclinaban por la información como inclemente meteoro, que no meteorológica), no, no tanto por el nombre,  sino por ser identidad de algo un tanto chocante, sobre todo a partir de su conversión al catalán (porque antes solo era, como en su momento llegó a proclamar el propio título, La Vanguardia Española, acaso porque cuando solo se podía ser español, ella/él fuera eso, la vanguardia del conjunto de la España, para más señas «grande y libre», y amén), cuando lo propio sería que hubiera empezado a llamarse L’Avantguarda, entiende este cartesiano a su pesar… Y ‘jerigoncista’, que nunca puede faltar un ‘palabro’; y enramado o ramoso.

Pero vuelvo al tronco: aquí tenemos de todo, que cuando uno se pone, mejor con todo el equipo para que no quepa duda; erratas caben, pero no duda. El problema de los voladitos y signos es puramente tipográfico: los primeros por su pequeñez y elevación, y el segundo por la vacilación de quienes quieren domesticarlos –ahora pegaditos al número, ahora sutilmente espaciados– se han prestado siempre al escape; y si no véase lo difícil que es cazar una mosca, cojonera o no, y lo fácil que parece resultar dar en tierra con un zumbante moscardón. No tengo que insistir mucho en este punto porque hay entre mis improbables lectores avezados cazadores, aunque sea de erratas, que también las hay de diversos tamaños. Del «sólo», que algo toca a elevaciones y pequeñeces, solo daré un apunte: vacilación de los domadores. Otra vez.

También de ese orden de los tipos es la cuestión de los signos dobles, tan nuestros, y tan útiles, y lo de la partición de palabra al final de línea. Pero es una paradoja, como con la que se dice en lo que cercena el signo de apertura en el texto, que nos rindamos al resto de las lenguas, que prescinden de él, más por defecto o carencia que por ahorro. Lo de la partición trasciende la tipografía y nos lleva, no a la siguiente línea, sino a las restantes pifias, las cuales, francamente, a este volatinero maldita la gracia que le hacen.

Quiero pensar –un acto de voluntad como otro cualquiera, y cerebrosaludable– que en el caso de *re-uniones se haya (*«halla» para el autor de la joya, o acaso *jolla) entendido que podía más el prefijo de la palabra que la intervocalidad, ahí queda eso; aunque no es lo mismo una reunión que, pongamos, una reubicación. Estaría por apostar que también partiría «reacción» por el diptongo, con lo sensible que de suyo son los diptongos. Y sin despeinarse.

Como maldita la gracia, por citarme ahora que puedo, con lo de ese clamante «halla», a mi vista gorda lo primero que le saltó, o con ese trastoque ‘lolalista’, voy a salirme por la tangente geográfica. Como se sabe, esto del ‘lolaleísmo’, aparte de no tener solución, porque como decía mi profesora de estilo –que la tuve, pese a lo poco estiloso que se me ve–, la lengua española tiene aquí un grave problema que debería atajar con ánimo y propósito, va por zonas, y en algunas están inmunizados, en otras vacunados, y en otras enfermos sin remisión. (Adivínese dónde está Madrid.) [Sí, ya sé que debería estar el punto al otro lado, pero a mí no me cuadra, y reincido.]

Lo de la elle y la i griega (tampoco me cuadra, o ‘requenocuadra’ lo de la ye), también va por barrios. Y si el piernas que me ha hecho ponerme a juntar palabras y ‘palabros’ me hubiera oído pronunciar esa elle que mamé en tierras burgalesas, aunque no tenga ni idea de gramática, que es lo más probable, me temo, hubiera acertado, porque a algunos oídos sensibles hasta les molesta cómo fonetizo el dígrafo. Que otra cosa no será.

Y con las mismas me apresto a tomar un cafelito en un trilo (palabra que es algo más que uno de mis insufribles ‘palabros’, porque ya circula con total normalidad entre la familia y los amigos, aunque no descarto que también entre los conocidos y hasta los saludados, y que acuñé hace tiempo para llenar el vacío existente en nuestro lemario para expresar lo que los ingleses llaman mug, y que viene a ser una taza sin plato) de los que UniCo pretende mercadear con la estampa de este asendereado Erasmo Cejota. Privilegios de depositario de la mercancía.

Y si tienen a bien continuar, en el caso de que hayan llegado hasta aquí, alarguen un poco más y podrán leer el fundamento de la norma, o la norma del fundamento, o la norma fundamental, o la fundamental norma, que ya no me aclaro, de lo comentado, y de más, sección que inauguramos hoy gracias a mi paredro, que aunque ha estado paredreando desde el parto de los montes, se me había perdido entre tanto circuito impreso y no se me alcanzaba del todo su docta pluma.

Vale.

Fundamento normativo

  1. cm2 → está mal escrito. Para escribir el símbolo del centímetro cuadrado debe hacerse con el número 2 voladito: cm² (p. 712 OLE).
  2. Los símbolos de porcentaje deben ir separados de la cifra a la que acompañan. Están mal escritos 85%, 10% sin riesgo, 10% sin riesgos y 60%. En pp. 590-591 OLE: Aunque el símbolo % (que se lee por ciento en español) se ve frecuentemente escrito sin separación de la cifra que lo precede, la norma establecida por la Oficina Internacional de Pesos y Medidas determina que se escriba precedido de un espacio. Para evitar que la separación resulte excesiva, puede utilizarse un espacio fino. [Ojo, porque en p. 462 del DPD, del año 2005, se decía que debía escribirse sin espacio de separación. Prevalece la obra de la RAE más reciente, esto es, la OLE]. P. 608 MELE 4: El signo de porcentaje (%) se escribe separado de la cifra a la que afecta, normalmente por un espacio fijo de dos puntos.
  3. En la frase “Nos permite crecer el hecho de que halla bancos haciéndolo mal”, la forma verbal “halla” (del verbo ‘hallar’, ‘encontrar’) debe ser “haya” (del verbo ‘haber’).
  4. En “Ese nombre sólo me suena…”, sobra la tilde del adverbio “solo”. Más abajo vuelve a aparecer tildado en “Sólo eso”. Se suprime la tilde en el adverbio “solo”: p. 269 de la OLE: a partir de ahora se podrá prescindir de la tilde en estas formas incluso en casos de doble interpretación… empleo de sinónimos (solamente o únicamente, en el caso del adverbio solo).
  5. En “Menuda paradoja!” falta el signo de exclamación de apertura. Debe ser “¡Menuda paradoja!”. En pp. 387 OLE: los signos de interrogación y de exclamación son signos ortográficos dobles. La práctica de escribir el signo de apertura de interrogación y exclamación es un rasgo exclusivo de la lengua española. En p. 388 OLE: deben colocarse de forma obligatoria al comienzo y al final de la secuencia correspondiente. Es incorrecto suprimir los signos de apertura por imitación de otras lenguas en las que únicamente se coloca el signo de cierre.
  6. La palabra ‘reuniones’ se ha dividido a final de línea rompiendo el diptongo, “re-/ uniones”. Debe ser “reu-/ niones”. En p. 403 OLE: como norma general, no debe colocarse el guion entre letras pertenecientes a una misma sílaba. Las secuencias de vocales no se dividen nunca con guion de final de línea, ni siquiera cuando las vocales pertenecen a sílabas distintas.
  7. En la pregunta “¿Y por qué no se lo hicieron?”, “lo” debe ser sustituido por “la”, porque hace referencia al femenino “prueba de solvencia”.

Una de subtítulos: “Rebeca”

Es muy habitual oír (cuando este discreto y apretadito verbo no había perdido su batalla particular con el polisílabo «escuchar», justo ahora cuando más hay que oír, velis nolis, y cuando menos se escucha en realidad) que una de las causas del atraso de los españoles respecto al aprendizaje y dominio del inglés –pero supongo que vale para cualquier idioma– hay que apuntársela, también, al generalísimo de los Cuarenta Años y a su temprana imposición del doblaje en todas las películas o ‘flims’: eso impidió, y lo sigue haciendo, porque las VV. OO. SS. siguen siendo minoritarias, que sus súbditos y ahora ciudadanos, en particular sus oídos, se acostumbraran a oír el idioma original, mayoritariamente el inglés, entre otras cosas porque en EE. UU. el cine es una verdadera y boyante industria casi desde que nació, aunque todavía no supiera ‘hablar’.

Desde luego, si nos asomamos a los subtítulos –ayuda necesaria para facilitar las cosas, a veces también a los que dominan la lengua que se despliega en la pantalla– que un atento cinéfilo y sin embargo miembro de UniCo ha puesto en la mesa de desvelos de este corrector, una de dos: o sale corriendo a la primera academia de inglés a aprender a entender sin ninguna mediación lo que se dice en la pantalla, con el oído atento y mirando a la cara a los que hablan y no al pie de la pantalla, o se planta ante el Ministerio de Cultura (donde den las ventanas del ICAA: Instituto de las Ciencias y las Artes Audiovisuales, casi nada) con una pancarta y algo sonoro en la boca reclamando «¡do-bla-je, do-bla-je!».

Fotograma de película "Rebeca"

VO: “She’s the parlor maid. She’ll have to look after you until your own maid arrives”.

El caso es que no hay ni que ponerse en contacto con el gremio de traductores, ya suficientemente atribulado, para darse cuenta de que, en lo que nos ocupa, de lo que se trata –¡pero si solo fuera aquí!– es de lo que se viene en llamar ‘falsos amigos’ (de la primera, con esa tilde ausente y sobre todo ese «com» por «con» no hay ni que hablar, más allá de volver a romper una lanza, si es que las hay ya, por las sufridas preposiciones… ¿o le habrá traicionado el subconsciente y se creerá que ya todo es «.com»?). Denominación esta de «falsos amigos» que es tan acertada que hasta ella misma es tal, como traslación del inglés false friend, y esta a su vez del francés faux ami, una sorpresa que nos depara ese trasunto de DRAE que es el diccionario Oxford, que no todo va a ser inglés sí o sí. Pero es comprensible que así sea, porque ¿alguien aceptaría gustoso o publicitaría algo como «parecido espurio» (o «espúreo», para que nuestro último premiado por el Ministerio del Ramo se quede contento ahora que se le ve tan disgustado por haber sido premiado)? Es lo que tiene atenerse más al contenido que quedarse en el continente. Pues eso, pero sin olvidar la marca de las comillas, que en este caso equivale a peculiaridad.

Fotograma de película "Rebeca"

VO: “Have a look at The Times. There’s a thrilling article on what’s the matter with English cricket”.

El problema particular aquí es que, por extravagante (que los ingleses llaman bizarre, de donde «bizarro» para los falsarios, también muy vista) que parezca, con la de traductores que tiene que haber en el mercado, en este ejemplo se pueden apreciar los circuitos de un traductor automático, porque eso del «grillo» por cricket canta mucho, mucho más que el simpático e incansable animal. Cualquier traductor con piernas hubiera sabido que hasta ese peculiar –por no decir insólito– y británico juego tiene su equivalente en castellano, para lo que recurre, una vez más, a arrinconar la alfabética ka por la más de andar por casa cu, sin olvidar la tilde, claro. Por no referirnos, por supuesto, a esa falta de sentido de la realidad, propia asimismo de las máquinas, porque ¿cómo puede haber un artículo, así sea en el venido a menos The Times, sobre el grillo que sea «emocionante»?… aunque sea el grillo inglés.

Fotograma de película "Rebeca"

VO: “Our marriage is a success, isn’t it? A great success!”.

Lo mismo se puede decir del «suceso» matrimonial, cuando lo más probable es que se trate de un éxito: esos signos de admiración delatan que está hablando alguien que se ha casado hace poco, y todavía apenas si ha tenido tiempo para ver cómo se convierte, en efecto, en algo que adquiere a veces todas las trazas de un suceso.

Dicho esto, ya me gustaría a mí hacer pachas con mi paredro cortazariano el Traductor Justiciero, porque con cosas como estas tiene un campo más que abonado para lucir su fina ironía, que para el subtitulador en cuestión vendría de algo así como fine irony.

Tilde sí, tilde no…

¡Vaya, ya tengo ante estos ojos de présbite las primeras fotos-denuncias! Pues sí que se han dado prisa estos observadores: para mí que las tenían guardadas y le han dado a la tecla y ya está. ¡Malhadados adelantos! Ahí van, hala, cuatro o cinco de golpe, como si uno no tuviera suficiente con las galeradas que me abruman y aplazan (Masa y poder, nada menos que Masa y poder: casi un millón y medio de matrices, y de Canetti, que no son unas matrices cualquiera)… y este crucigrama que se me ha atravesado. En fin, vamos allá, a ver qué tripa se les ha roto:

Cartel anunciador del intercambiador de Príncipe Pío«Príncipe Pio» –esta va de tildes–, «Atencion. Area de accesos restringidos al trafico» –otra que tal, y unos cuantos para que quede claro que las virgulillas no van con ellos–, «Un sólo disparo puede cambiar el mundo» –otra, voto a tal–. Tres por falta de una, aunque las dos primeras son oficiales, o sea, incorrecciones oficiales, ajá: estas van a dar mucho juego, aunque contestarán (¡?) por silencio administrativo, y a ver cómo lo tramitan los del Observatorio; y además la primera digamos a capricho, que en «príncipe» la plantan y luego, como si se hubieran cansado, se la ahorran: ¿serán los famosos recortes (puestos a ellos, la verdad es que es menos dañino que los que tocan el bolsillo, como puedo ver en las facturas que tanto me cuesta elaborar y en las declaraciones trimestrales que siempre tengo la duda hasta momentos antes de dejarlas en mano de la cajera, que mira tú que es seca, la pobre, que hasta saludar le cuesta, y eso que voy a abonar en cuenta –creo que se dice así–)? (Ya se me ha vuelto a quedar descolgado el signo: tengo que consultar el MELE).

Área con accesos restringidos al tráfico¿O será que la escriben como acaso lo hiciera el tal príncipe –primo y marido de doña Isabel la Segunda, de generosos pechos, esta, y dudosa sexualidad, aquel–… pero ya estoy desbarrando y se me asoma el siglo XIX por las costuras; en fin, valga que ya se sabe que en este siglo tan alborotado la ortografía era más bien caprichosa, y más si eras príncipe, claro? (Otra vez el dichoso signo, que ya me está tocando un poco las narices). (Y ahora el punto y el paréntesis: espero que no lo vaya a leer Martínez de Sousa, que tendrá cosas mejores que hacer… entre otras algún otro manual-tocho). (Insisto; será mejor que cambie de tercio.)

Campaña promocional de Nike¡Que no, que no, Erasmo, que te olvidas de la de Nike, atropellado! Bueno, en realidad de este solo puedo decir que ya les veo a los de esta multinacional, que está claro que les funciona mejor el conocidísimo símbolo, aunque nada más sea porque estos no gastan tildes, ventilando en la reunión semanal del Departamento de Comunicación Creativa de Tangibles e Intangibles el asunto, recibida la reclamación pro forma del Observatorio, con un «¡ya es mala suerte, por una vez que la ponemos, lo ponemos mal!» Y es que a veces hay que reconocer que es difícil atinar si las pones a voleo, como aquel compañero que tenía en el bachillerato (de los de dictados y reválida, y en el Hogar pilotado con mano firme por el padre Mundina, luego televisivamente conocido como ‘el cura de las plantas’), que primero escribía todo limpio y esmerado y cuando terminaba ‘sembraba’ la cantidad de tildes que estimaba convenientes para el caso: ¡qué tiempos tan poco heroicos! Pero todos tranquilos que aquí llega al rescate la Real Academia Española de la Lengua, que algunos en su empanada llaman Real Academia de la Lengua Española, aligerando en gran medida la atribulación y eliminando la del «sólo» adverbial y la de los pronombres demostrativos; y no hay concesión al equívoco, que ya está bien de contemplaciones. ¡A ver qué preparan para la próxima!

De presentaciones

Encima de la destartalada mesa de Erasmo CJ, entre bolígrafos y pinturines de todos los colores, pero ninguno discreto, facturas (sin pagar), galeradas, libros pendientes de solo leer (los que menos lee), mariquitas de colección de toda laya, relojeros tictaqueros, recortes de crucigramas y borradores de cartas al director de su diario diario –por mencionar lo más aparente y descriptible, y a riesgo de que se considere errata lo último–, Faustino Tosuno ha depositado, con gesto indiferente y sin privarlas de la ceniza de su eterno cigarro de los de liar, unas cuantas fotos que dice que han llegado a sus manos de unos señores que andan buscando en la realidad que les circunda testimonios que avalen la justificación de su existencia profesional (esto es traducción de lo que Faustino dice a la pata la llana, como suele, y que brinda el narrador, que le conoce bien y está para ayudar). Erasmo CJ advierte enseguida, como su semblante delata, que han de ser los mismos que una buena tarde, a la hora de la siesta, que suele practicar impenitente pero discreto, vinieron a adjudicarle inopinadamente y valiéndose de los sofisticados medios informáticos en lo que a duras penas él se bandea, y no sé qué gaitas de verbos y agilidades, el encargo de apostillar como buenamente sabe una caza de gazapos, erratas, errores, meteduras de pata y otras especies (que digo yo que vale por los gazapos, pero dime tú a mí cómo se caza lo que les sigue, pero ellos que saben mucho sabrán) para un Observatorio o Mirador o Terraza con vistas, que en esto no se aclara mucho, y luego entretener al personal, debidamente catequizado por un maestro Próvido o así, que acostumbra apabullar con su cacumen y resolver entuertos con fundamento –la resolución, que los entuertos nunca tienen fundamento, interesa precisar al narrador–, que ha tomado buena nota asimismo de las instantáneas de marras, que vienen a ser las susomentadas erratas y demás, vete tú a saber por qué tal sustitución es posible a manos de algo como las marras. Y tiene para sí que las ha dado un repaso el entendido y documentado que ya se puede uno imaginar la tembladera de piernas que les tiene que entrar a quienes la han pifiado de manera tan provocadora (y fotogénica), porque, hete tú aquí que, además, al parecer una diestra y diligente María y punto, las sube –así se da en llamar, en una de esas metáforas de la vida cotidiana que recogieron en un libro Lakoff, don Jorge, y Johnson, don Marcos, que un día entretuvo los ocios que ya no disfruta este narrador de situaciones, a esa operación inmaterial– a un blog, que viene a ser como una especie cuaderno de bitácora virtual de una navegación tal cual (y no un tronco de red, que es como al principio se oyó decir a la hermana del Faustino de la segunda línea, que aprendió, o afirma ella, inglés con las canciones de los Beatles y recordaba aquello de «It’s been a hard day’s night, and I’ve been working like a dog, It’s been a hard day’s night, I should be sleeping like a log», y aquí está), el cual blog está a la vista de propios y extraños, pero todos atentos y mordaces y memoriosos, que tomarán buena nota y ya no dejarán de asociar la pifia al responsable de la empresa anunciadora que se solía decir cuando entonces, o asimilados. Entiéndese también que la tal diestra y diligente María, que tiene la parte menos lucida y, si corresponde, jocunda y risible, pero es la más poderosa (esto, en repetido soniquete, recuerda algo al narrador, pero no acaba de precisar en su galopante desmedro), rematará la faena (y que perdonen los catalanes por esta evocación taurina) sacando los colores y requiriendo enmienda por correspondencia, como los cursos de CEAC, a quien se haya puesto tan lamentable e inelegantemente a tiro: ¡dígase si no esto poderío! Pero que hable Erasmo CJ, que la explicación no da para más y yo estoy aquí de rondón, que ya es estar. Pero no sin antes advertir de la capa o capita roja con la que le ha dotado en su magín un retratista más divertido que atinado, porque jamás se ha prestado nuestro hombre a posar, que es de natural esquivo.