Informe: Traducciones de Crimen y castigo, de Dostoievski

Germán Molero, socio de UniCo, analiza las soluciones adoptadas por algunos traductores de Crimen y castigo para resolver ciertos problemas de léxico. Gracias a esta comparación de seis muestras de traducción de un fragmento de la novela, se puede valorar la manera de traducir de cada autor.

Nuria Viver Barri, en el artículo publicado el 2 septiembre de 2012 (https://traduc­cionmedicatecnicaliteraria.wordpress.com/2012/09/02/los-traductores-de-cri­men-y-castigo-de-dostoievski/), recogía cinco muestras de traducciones de Crimen y castigo. Eran las realizadas por Cansinos Assens, Augusto Vidal, Alemany Zaragoza, Esperanza Cairó y Hernández-Ranera. Aquí se han reti­rado las de Alemany y Cairó, publicadas por Bruguera y Zeus respectivamente, editoriales que ya no están acti­vas, por lo que son versiones de difícil acceso hoy. En su lugar, se han añadido las de G. Vázquez, López-Morillas e Isabel Vicente, muy asequibles en cualquier librería.

Los autores de versiones directas del ruso al español de Crimen y castigo superan la veintena: Rafael Cansinos Assens (1935, 1949), Alfonso Nadal (1939), J. Zambrano Barragán (1944), Ismael Antich Sariol (1954), Augusto Vidal (1961), Juan Guasch (1961), José Laín Entralgo (1964), Julián Alemany Zaragoza (1966), Esperanza Cairó (1969), Mariano Rodríguez Tudela (1973), Juan Alarcón Benito (1975), Rodolfo Arias (1981), F. Ramón G. Vázquez (1982), Antonio Núñez (1984), Juan López-Morillas (1985), Isabel Vicente (1996), Vinicio León Mancheno (2000), Montserrat Oromí (2006), Sergio Hernández-Ranera (2007), Fernando Mata Sáez (2010), Alaric Dukass (2014).

Para poder valorar la calidad de la traducción sin conocer la lengua rusa, vamos a comparar las versiones en español. El cotejo nos permitirá descubrir las diferen­cias y valorar la manera de traducir de cada autor.

En total se ofrecen aquí, en orden cronológico, seis traducciones para distinguir las diferencias en algunos puntos, seguramente los problemáticos para el traduc­tor. En realidad, se trata de cinco traducciones y una revisión: la que Rafael Manuel Cansinos ha hecho de la versión realizada por su padre, Rafael Cansinos Assens. Se ha incluido en sustitución de la traducción original, que no fluía por el abuso de pronombres enclíticos y acentuación anticuada: «esgrimióla», «dejóla», «diole», «hirióla», «desplomóse». La revisión ha adaptado el texto a las nuevas reglas de acentuación y recuperado una traducción clásica, en la que Cansinos Assens buscó los giros, las expresiones y el vocabulario castellano que estaban de actualidad en el siglo XIX para acercarnos al autor y su tiempo.

Para poder comparar, analizar y valorar las versiones españolas, copiamos en primer lugar las seis muestras (reproduciendo las características ortográficas). Des­pués se analizan las palabras y expresiones problemá­ticas encontradas.

Veremos que unas lecturas son más agradables que otras (fluidez del texto en español) y compararemos el distinto léxico elegido por cada traductor.

El fragmento seleccionado es aquel en el que Raskol­nikov, el protagonista, mata a la anciana (I parte, cap. VII de Crimen y castigo).

Muestras

1) Traducción de Augusto Vidal, Vergara, 1961; Bruguera, 1984; Gredos, 2012:

No podía perder ni un solo instante más. Acabó de sacar el hacha, la levantó con ambas manos sin apenas darse cuenta de lo que hacía, y casi sin esforzarse, como quien dice maquinalmente, la dejó caer de lomo sobre la cabeza. Parecía que se había quedado sin fuerzas, mas no bien hubo dado un golpe, las recobró.

Como de costumbre, la vieja iba con la cabeza descubierta, llevaba sus rubios cabellos entrecanos, escasos y abun­dantemente engrasados de aceite, como siempre, trenzados en raquítica coleta y recogidos con un trozo de peineta de cuerno mal puesta sobre la nuca. El hacha le tocó en la misma coronilla, lo que en parte se debió a la poca estatura de la vieja.

Aliona Ivánovna lanzó un grito, pero muy débil, y se desplomó; quedó sentada en el suelo, y aún tuvo tiempo de llevarse las manos a la cabeza. Con una de ellas continuaba sosteniendo la «prenda». Entonces él asestó varios golpes con toda su fuerza, todos con el lomo del hacha y en el cráneo. Brotó la sangre como de un vaso tumbado y el cuerpo cayó de espaldas. Raskólnikov retrocedió un paso, dejó que cayese y se inclinó inmediatamente sobre la cara de la anciana: estaba muerta; tenía los ojos muy abiertos, como si quisieran saltarle de las órbitas, la frente y la cara contraí­das y desfiguradas por las convulsiones.

2) Traducción de F. Ramón G. Vázquez, Edaf, 1982:

No había un instante que perder. Sacó el hacha por completo de debajo de su paletó, la levantó en el aire mantenién­dola con ambas manos, y, con un movi­miento suave, casi automáticamente, porque ya no tenía fuerzas, la dejó caer sobre la cabeza de la vieja; pero apenas hubo dado el golpe, renació en él la ener­gía física.

Alena Ivanovna, conforme a su cos­tumbre, llevaba la cabeza descubierta. Sus grises cabellos, escasos y untados de aceite como siempre, se reunían en una delgada trenza de las llamadas cola de rata, sujeta sobre la nuca con un trozo de peine de asta. El tajo le llegó hasta la coro­nilla, a lo que contribuyó la escasa esta­tura de la víctima. Apenas sí dejó escapar un débil grito, y, rápidamente, se dobló y cayó sobre el suelo; sin embargo, aún tuvo fuerzas para levantar ambos brazos hacia su cabeza. En una de sus manos seguía sujetando la «prenda». Entonces Raskolnikov, cuyo brazo había recupe­rado todo su vigor, le asestó dos hacha­zos más en el occipucio. La sangre salió a borbotones y el cuerpo se derribó pesada­mente por tierra. El joven retrocedió en el momento de la caída; pero apenas vió que la vieja yacía sobre el suelo, se inclinó para contemplarla: estaba muerta. Los ojos desmesuradamente abiertos pare­cían querer salir de sus órbitas; las con­vulsiones de la agonía dieron a su rostro una expresión grotesca.

3) Traducción de Juan López-Morillas, Alianza, 1985:

No había un momento que perder. Sacó el hacha, la levantó con ambas manos y, sin apenas darse cuenta, maquinal­mente, casi sin esfuerzo, asestó un golpe a la vieja en la cabeza con el lado romo de la hoja. Su vigor, que parecía haberse esfumado, volvió tan pronto como dio el hachazo.

Como siempre, la vieja tenía la cabeza descubierta. Los escasos cabellos, claros y entrecanos y bien embadurnados de grasa, los llevaba trenzados en forma de rabo de rata y sujetos encima de la nuca por un trozo de peine de cuerno. Por lo pequeña que era, recibió el golpe en la misma cima del cráneo. Exhaló un grito, pero muy débil, y cayó redonda al suelo, si bien con bastante fuerza aún para lle­varse las manos a la cabeza. En una de ellas tenía todavía agarrada la «prenda». Raskólnikov le asestó un segundo golpe y en seguida un tercero con el lado romo de la hoja y también en lo alto del cráneo. Saltó la sangre como de un vaso volcado y el cuerpo se desplomó de espaldas. Él retrocedió un paso cuando la vio caer y al momento se agachó para ver la cara, la vieja estaba muerta. Los ojos parecían saltársele de las órbitas y la frente y todo el rostro los tenía convulsamente con­traídos.

4) Traducción de Isabel Vicente, Cátedra, 1996:

No se podía perder ni un momento más. Raskólnikov extrajo del todo el hacha, la enarboló con ambas manos, ape­nas consciente de lo que hacía, y casi maquinalmente, apenas sin esfuerzo la descargó en la cabeza por el lado de la pala. Estaba como desfallecido; pero, en cuanto descargó el hacha, renacieron sus fuerzas.

Como de costumbre, la vieja no lle­vaba nada a la cabeza. Sus escasos cabe­llos, rubios y entrecanos, muy untados de grasa, estaban trenzados en una coleta parecida a una cola de ratón y recogidos en la nuca bajo los restos de un peinecillo de concha. El golpe había pegado en lo alto del cráneo debido a su escasa estatura. Lanzó un grito, pero muy débil, y se desplomó de golpe, aun­que todavía tuvo tiempo de levantar ambas manos hacia la cabeza. En una de ellas tenía aún agarrada la «prenda». Entonces Raskólnikov golpeó una vez más, y otra, siempre con la pala del hacha, siempre en lo alto del cráneo. Brotó la sangre, como de un vaso vol­cado, y el cuerpo cayó de espaldas. Él retrocedió, dejó que cayera del todo y enseguida se inclinó sobre su cara; ya estaba muerta. Tenía los ojos abultados, como si fueran a salírsele de las órbitas, y la frente y todo el rostro arrugados y contraídos por una convulsión.

5) Traducción de Sergio Hernández-Ranera, Akal, 2007:

No podía perder ni un instante más. Sacó el hacha completamente, la blandió con las dos manos y, casi sin fuerzas, sin apenas comprender lo que se disponía a hacer, casi de manera automática, la dejó caer sobre la cabeza de la vieja. En ese momento parecía no tener fuerzas. Pero nada más dejarla caer, renacieron en él.

La vieja llevaba la cabeza descu­bierta, como de costumbre. Sus claros cabellos, entrecanos, ralos y espesa­mente untados de aceite, se entrelaza­ban en una trencita de rata, recogidos con un trozo de peineta de asta que sobresalía sobre su nuca. El golpe llegó hasta el mismísimo parietal, a lo cual contribuyó su corta estatura. La vieja emitió un grito, pero muy débil, y cayó bruscamente al suelo, aunque aún tuvo tiempo de llevarse las manos a la cabeza. Con una de ellas continuaba soste­niendo la «prenda». En ese instante le asestó dos golpes más en el parietal con todas sus fuerzas, con toda la cabeza del hacha. La sangre brotó como de un vaso volcado y el cuerpo cayó boca arriba. Raskólnikov retrocedió, dejó que se des­plomara y enseguida se inclinó sobre su rostro. Sus ojos estaban desencajados, como si quisieran saltar de sus órbitas, mientras que la frente y toda la cara estaban fruncidas y desfiguradas debido a las convulsiones.

6) Revisión por Rafael Manuel Cansinos Galán de la traducción de Rafael Cansinos Assens (1935), Penguin Random House, 2015; Espasa, 2016:

No había un momento que perder. Él sacó del todo el hacha de debajo del paletó, la esgrimió con ambas manos, sin darse cuenta de lo que hacía, y casi sin esfuerzo, con gesto maquinal, la dejó caer de contrafilo sobre la cabeza de la vieja. Estaba agotado. Pero no bien hubo dejado caer el hacha, cuando le volvieron las fuerzas.

Como siempre, estaba la vieja desto­cada. Sus ralos cabellos blancos, disemi­nados y distantes, grasientos y aceitosos, también como siempre, trenzados en forma de rabo de ratón y sujetos por un pico de peina de concha, le formaban un moño sobre la nuca. Le dio el golpe precisamente en la mollera, a lo que con­tribuyó la baja estatura de la víctima.

Aliona Ivánovna lanzó un grito muy tenue y se desplomó, pero aún tuvo tiempo de llevarse las manos a la cabeza. En una de ellas seguía teniendo la «prenda». Él, a seguida, la hirió por segunda y por tercera vez, siempre con el revés del hacha y siempre en la mollera. La sangre brotó cual de una copa volcada, y el cuerpo se desplomó de espaldas, en el suelo. Él se echó atrás para facilitar la caída y se inclinó sobre su rostro: estaba muerta. Las pupilas de los ojos, dila­tadas, parecían querer salírsele de sus órbitas; la frente y la cara muequeaban en las convulsiones de la agonía.

Palabras y expresiones problemáticas. Errores léxicos

 Esgrimir/blandir/enarbolar/levantar:

R. Cansinos Assens y R. M. Cansinos Galán > «esgri­mióla/la esgrimió». En el DLE, esgrimir. 1. tr. Jugar y manejar la espada, el sable y otras armas blancas, repa­rando y deteniendo los golpes del contrario, o acome­tiéndole.

No es correcta.

I. Vicente > «la enarboló». En el DLE, enarbolar. 2. tr. Levantar un arma o algo con lo que se amenaza a otra persona.

Correcta.

S. Hernández-Ranera > «la blandió». En el DLE, blan­dir. 1. tr. Mover con la mano algo, especialmente un arma, con movimiento trémulo o vibratorio.

Correcta.

A. Vidal, G. Vázquez y J. López-Morillas optan por «la levantó».

Correcta.

Parte del hacha con la que se golpea a la vieja la primera vez:

A. Vidal > «de lomo». En el DLE, lomo. 7. m. En los ins­trumentos cortantes, parte opuesta al filo.

Expresión correcta.

I. Vicente > «por el lado de la pala». En el DLE, pala. 2. f. Hoja de hierro en forma de trapecio por lo común, con filo por un lado y un ojo en el opuesto para enastarla, que forma parte de los azadones, azadas, hachas y otras herramientas.

La expresión correcta sería «por el lado del ojo de la pala», ya que la pala es la parte metálica que, junto con el mango o astil, forma el hacha.

J. López-Morillas > «con el lado romo de la hoja». En el DLE, romo, ma. 1. adj. Que carece de punta o filo.

Expresión también correcta, aunque menos exacta o téc­nica que «lomo».

R. M. Cansinos Galán > «de contrafilo». En el DLE, contrafilo. 1. m. Filo que se suele sacar algunas veces a las armas blancas de un solo corte, por la parte opuesta a este y en el extremo inmediato a la punta.

No está bien empleada la expresión.

G. Vázquez y S. Hernández-Ranera no informan.

Destocada/descubierta:

R. Cansinos Assens > «destocada». En el DLE, tocado. (Del part. de tocar). 1. m. Prenda con que se cubre la cabeza. 2. m. Peinado y adorno de la cabeza, en las muje­res. 3. m. Juego de cintas de color, encajes y otros ador­nos, para tocarse una mujer.

Correcto, pero poco usado. Se lee mejor hoy «des­cubierta» (A. Vidal, G. Vázquez, J. López-Morillas y S. Hernández-Ranera).

I. Vicente opta por «la vieja no llevaba nada a la cabeza».

Color del pelo de la vieja:

Hay también gran variedad del color de pelo de Alena Ivanovna: blanco (R. Cansinos Assens), rubio entrecano (A. Vidal e I. Vicente), gris (G. Vázquez), claro y entre­cano (J. López-Morillas) y entrecano (S. Hernández- Ranera). El color más acertado apunta al claro canoso.

Peinado:

G. Vázquez e I. Vicente > «cola de rata/cola de ratón». En Wikipedia, cola de rata: «La cola de rata es un pei­nado que se caracteriza por un largo mechón de cabello que se extiende detrás de la nuca, contrastando de los demás mechones de cabello, que conservan la misma longitud. […] se suele hacer una trenza […]». En internet también se encuentran resultados para «peinados con cola de ratón». «Cola de ratón» y «cola de rata» son las formas que reflejan un mayor uso en Ngram Viewer.

Parecen, pues, menos apropiadas, en este contexto de peinados, las formas «rabo de rata» y «rabo de ratón», usadas por R. Cansinos Assens y J. López-Morillas.

 Peineta/peine/peina/peinecillo:

R. Cansinos Assens > «peina». En el DLE, peina. (De peine). 1. f. peineta (peine convexo de mujer).

Correcto, pero poco usado.

A. Vidal y S. Hernández-Ranera > «peineta». En el DLE, peineta. 1. f. Peine convexo que usan las mujeres por adorno o para asegurar el peinado.

Correcto.

G. Vázquez y J. López-Morillas prefieren «peine» e I. Vicente «peinecillo».

Material de la peineta:

Se observan, asimismo, varias posibilidades en cuanto al material del que está hecho el peine o la peineta: asta o cuerno (A. Vidal, G. Vázquez, J. López-Morillas y S. Hernández-Ranera) y concha (I. Vicente y R. M. Cansinos Galán).

 ¿En qué parte de la cabeza golpea Raskólnikov a la vieja la primera vez?

Las propuestas son variadas: mollera, coronilla, cima o alto del cráneo y parietal. En todos los casos se apunta a la parte más alta de la cabeza.

R. Cansinos Assens > «mollera». En el DLE, mollera. 1. f. Parte más alta del casco de la cabeza, junto a la comi­sura coronal.

Correcto.

J. López-Morillas e I. Vicente ® «en la misma cima del cráneo/en lo alto del cráneo». Equivalente a «mollera».

Correcto.

A. Vidal y G. Vázquez > «en la misma coronilla/hasta la coronilla». En el DLE, coronilla. 1. f. Parte más emi­nente de la cabeza.

Se entiende que un golpe en la cabeza sea dado «en la misma coronilla», no «hasta la coronilla».

S. Hernández-Ranera > «hasta el mismísimo parietal». En el DLE, hueso parietal. 1. m. Anat. Cada uno de los dos huesos situados en las partes medias y laterales de la cabeza, los mayores entre los que forman el cráneo.

El traductor nos informa hasta dónde llega el golpe, pero no dónde se inicia.

¿Cómo cae la vieja al suelo?

A. Vidal es el único que deja a la vieja «sentada en el suelo» tras el primer hachazo, como parece que se des­prende del original ruso. G. Vázquez se acerca a esta idea con «se dobló y cayó sobre el suelo». Para J. López- Morillas, «cayó redonda al suelo», para I. Vicente «se desplomó de golpe» y para Hernández-Ranera «cayó bruscamente al suelo». Cansinos nos informa sencillamente de que «se desplomó».

¿En qué parte de la cabeza golpea Raskólnikov a la vieja las dos veces siguientes?

Otra vez nos enfrentamos al problema de dilucidar en qué parte de la cabeza se producen los dos golpes siguientes dados a la vieja: mientras que cuatro traduc­tores (R. Cansinos Assens, A. Vidal, J. López-Morillas e I. Vicente) nos indican que es el mismo sitio que el pri­mero, S. Hernández-Ranera, que nos había dicho que el primer hachazo llegó «hasta el mismísimo parietal», ahora dice que los dos siguientes los da Raskólnikov «en el parietal».

A. Vidal cambia «en la misma coronilla» por «en el crá­neo».

G. Vázquez pasa del tajo que le llegó «hasta la coronilla» a dos golpes más «en el occipucio».

Parte del hacha con la que se golpea a la vieja las dos veces restantes:

R. Cansinos Assens > «siempre con el revés del hacha»: en el DLE, revés. 1. m. Espalda o parte opuesta de algo.

Correcto, pero inexacto.

A. Vidal > «todos con el lomo del hacha».

Correcto.

G. Vázquez no informa.

J. López-Morillas > «con el lado romo de la hoja».

Correcto.

I. Vicente > «siempre con la pala del hacha». Ya hemos visto más arriba que la pala es toda la parte metálica del instrumento, por lo que la traductora no nos da detalle.

S. Hernández-Ranera > «con toda la cabeza del hacha». En el DLE, cabeza. 4. f. Principio o parte extrema de una cosa. 5. f. Extremidad roma y abultada, opuesta a la punta, de un clavo, alfiler, etc.

Correcto.

 ¿Cómo sale la sangre del cuerpo?

El original ruso dice que la sangre del cuerpo de la vieja se derrama como si se desbordara de un vaso volcado, idea que han reflejado todos los traductores, excepto G. Vázquez («a borbotones». En el DLE, borbollón. (De borbollar). 1. m. Erupción que hace el agua de abajo para arriba, elevándose sobre la superficie).

Otros arcaísmos y acentuación no puesta al día:

R. Cansinos Assens > «a seguida».

A. Vázquez > «vió».

 Conclusiones

Los textos más agradables de leer son los que usan un vocabulario y unas expresiones generalizadas entre el público español actual. En general, la fluidez del espa­ñol es buena en todas las muestras, con la particularidad de la versión con vocación decimonónica de R. Cansinos Assens.

Como se ha visto arriba, hemos detectado diferen­cias terminológicas importantes, sobre todo en lo rela­tivo a instrumentos (hacha, peineta) y anatomía humana (cabeza, cabello). Los traductores más puntillosos usan la palabra adecuada en cada caso.

En las muestras analizadas no se han registrado colocaciones o asociaciones de palabras divergentes. Al contrario, siguen en general el mismo patrón, sin grandes cambios o alteraciones del orden de la secuen­cia sintáctica.

Artículo publicado en el número 10 de Deleátur , la revista de los correctores de texto de UniCo. Consulta los números anteriores de Deleátur aquí.

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5 comentarios en “Informe: Traducciones de Crimen y castigo, de Dostoievski

  1. Paquito dijo:

    Comparto vuestra inquietud por las traducciones del ruso. Prefiero registros más actuales, en contraposición a aquellos con vocación decimonónica. Particularmente me gusta la traducción de José Fernández (directa del ruso). Ahí va…

    “No había que perder ni un segundo. Sacó el hacha de debajo del abrigo, la levantó con las dos manos y, sin violencia, con un movimiento casi maquinal, la dejó caer sobre la cabeza de la vieja. Raskolnikof creyó que las fuerzas le habían abandonado para siempre, pero notó que las recuperaba después de haber dado el hachazo.

    La vieja, como de costumbre, no llevaba nada en la cabeza. Sus cabellos, grises, ralos, empapados en aceite, se agrupaban en una pequeña trenza que hacía pensar en la cola de una rata, y que un trozo de peine de asta mantenía fija en la nuca. Como era de escasa estatura, el hacha la alcanzó en la parte anterior de la cabeza. La víctima lanzó un débil grito y perdió el equilibrio. Lo único que tuvo tiempo de hacer fue sujetarse la cabeza con las manos. En una de ellas tenía aún el paquetito. Raskolnikof le dio con todas sus fuerzas dos nuevos hachazos en el mismo sitio, y la sangre manó a borbotones, como de un recipiente que se hubiera volcado. El cuerpo de la víctima se desplomó definitivamente. Raskolnikof retrocedió para dejarlo caer. Luego se inclinó sobre la cara de la vieja. Ya no vivía. Sus ojos estaban tan abiertos, que parecían a punto de salírsele de las órbitas. Su frente y todo sus rostro estaban rígidos y desfigurados por las convulsiones de la agonía.”

  2. Paquito dijo:

    Esta maravillosa obra la he leído dos veces, una con la traducción de José Fernández y otra con la de Juan López-Morillas. Después de leer los fragmentos expuestos, deseo añadir que las traducciones de los citados junto con la de Sergio Hernández-Ranera son las que más me gustan.

    Un cordial saludo

  3. Naucio dijo:

    Hola, me ha encantado el articulo, pero aun tengo mis dudas como alguien que solo ha leido crimen y castigo en Pdf, hace poco he estado ahorrando por una version en mano y no quiero cometer un error en mi compra ya que es un libro muy especial para mi, deseo que mi lectura sea no una repetitiva si no una experiencia nueva para mi. ¿Cual traduccion me recomendarian ustedes? Agradeceria mucho una recomendacion!

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